domingo, 1 de mayo de 2016

LECTURAS DOMINICALES

Un toro al centro de la polémica (y del escenario)
La última provocación del director italiano Romeo Castellucci, su versión de la ópera de Schönberg, Moisés y Aarón, debutará el 24 de mayo en el Teatro Real de Madrid, en España, luego de que durante su temporada en París 50 mil furiosas firmas lo acusaran de maltratar y drogar a un toro de 1.500 kilos para mantenerlo en escena, aunque nunca se demostró.
Cada vez que corría la sangre de un toro blanco en la Antigua Roma, era señal de dominación sobre alguna de sus conquistas. Bien lo sabe el director, dramaturgo y artista plástico italiano Romeo Castellucci (1960), quien al margen de su irreprochable creatividad, ha sido escumbrado como uno de los realizadores teatrales más provocadores de la escena contemporánea. 

Multitudinarios desnudos en escena y hasta la participación de un actor laringectomizado en su particular versión de Julio César, de Shakespeare, que en enero pasado se tomó parte del Museo Nacional de Bellas Artes, avalan la opinión de algunos. También su último montaje, Moisés y Aaron, inspirada en la composición homónima del austriaco Arnold Schönberg: durante 15 minutos, Castellucci ha decidido posar a un semental de 1.500 kilos al centro del  escenario, encendiendo la mecha de animalistas en España, que acusan maltrato y uso de drogas para mantenerlo sereno.

El debut, programado para el 24 de mayo en el Teatro Real de Madrid, en España, posee un antecedente no menor: en noviembre pasado, cuando la Opera de la Bastilla de París anunció su programación de otoño, los animalistas sacaron las garras y se le fueron encima. ¿La razón? En la sinopsis del montaje, un toro blanco llamado Easy Rider aparecía al interior de una minúscula vitrina de cristal. Luego, en la siguiente toma, un hombre vertía sobre su lomo un líquido oscuro y viscoso que simboliza la tinta de las Escrituras sagradas. 

Las imágenes dieron la vuelta por Francia y encendieron las balizas: incluso, la revista Canard Enchaîné reveló que el costo del toro era de 5 mil euros por función, y que para el final de su temporada ascendía a 40 mil. La cuantiosa suma no detuvo la dura campaña impulsada por los sitios Change.org y Avaaz.org para retirar al animal del espectáculo. Es más: tanta fue la sobrexposición de Easy Rider encerrado en su cápsula transparente, que la causa animalista logró reunir 50 mil firmas en Francia en tiempo récord: "¿Le gustaría que le despojaran de su libertad, de su capacidad para moverse, sin pedirle opinión solo porque es usted tonto y no puede contestar?", decían los denunciantes. 

Se habló de maltratos y uso de drogas para mantener al toro dopado durante las funciones. Las cientos de denuncias apuntaban a que el animal podía sufrir un cuadro de estrés constante, considerando que necesita correr y moverse en libertad. Sin embargo, las mismas fueron rebatidas por la escuela de veterinarios en apoyo a la Opera de París. El documento, firmado por los 50 mil detractores de la actuación del toro, llegó a manos de la ministra de Cultura, Fleur Pellerin, quien se negó a opinar al respecto. 

Por su parte, la Opera de París reaccionó de inmediato a través de un comunicado: "Desde junio, Easy Rider vive en Sologne, donde lo preparan todos los días para estar en contacto cercano con el hombre. Lo acostumbran poco a poco a la iluminación y a la música. Durante su estancia en París, está alojado en la escuela veterinaria de Maisons-Alfort. Solo está presente en la Opera Nacional de París una hora antes del comienzo de cada representación y aparece en escena dos veces durante 15 minutos". Después de hacerse público el documento, Easy Rider siguió apareciendo junto al resto del elenco, mientras se hablaba de la llegada del mismo espectáculo a Madrid, donde debutará en pocas semanas. 

En España, el episodio no parece ser tan alarmante ni novedoso. En otro montaje, Accidens. Matar para comer, un actor cocinaba vivo a un bogavante, un crustáceo muy similar a la langosta, para luego comerlo en escena. Durante su larga gira por varios rincones de Europa, más de 20 mil personas intentaron evitar la "tortura de un animal" como elemento "innecesario" en un espectáculo artístico. El futuro desembarco de la versión de Moisés y Aaron de Castellucci, por tanto, no sacó tantas ronchas en la comunidad madrileña, en comparación con los parisinos. Esto, pues la Ley de Protección Animal es particularmente permisiva con la presencia de taurinos en espectáculos y fiestas populares. 


Mientras, los cuidados de Easy Rider son aún un misterio que el Teatro Real madrileño no ha esclarecido. Ni su transporte, el supuesto uso de drogas y hasta si el animal se encuentra domado o no, son objeto de especulación previo a su estreno. Lo único cierto en esta historia, divulgada por la prensa española como el "culebrón bovino", sea acaso la autosatisfacción de Romeo Castellucci, quien ha vuelto a hacerle honor a su ya reconocida y retorcida fama.

1 comentario:

  1. Bueno, España no es el lugar apropiado para la defensa de los animales. Con solo pensar en esas corridas de toro y esas "toriadas" que hacen, que es una salvajadas en pleno siglo XXl.

    ResponderEliminar

Se valora el envío de comentarios no ofensivos apegados a la moderación.
NIURKA BAEZ,
Moderadora de comentarios